El retablo fue mandado realizar por D. Gonzalo González de Illescas –oidor de la Chancillería de Valladolid y del Consejo de los Reyes Católicos– y su mujer, Marina de Estrada.
El retablo, de enormes proporciones (382 x 328 cm.), seguramente fuera encargado a los talleres flamencos, por los cuales se sentía una gran debilidad en aquellos años. Sería Juan Agapito y Revilla el primero en atribuir el retablo a esta escuela, sin embargo posteriormente se ha pensado, debido a una serie de marcas que existen en el retablo, que pudiera provenir de Amberes.
Las características de este políptico son similares a la mayoría de retablos flamencos de finales del siglo XV y principios del XVI. Tanto el cuerpo principal del retablo como el banco se encuentran poblados, en exclusiva, de esculturas. El cuerpo central se divide en tres calles: dos laterales, cada una con tres relieves, y la central con una gran escultura del santo titular del retablo y sobre él otro relieve similar a los de las calles laterales, haciendo que esta calle sobresalga sobre el resto del retablo. La pintura ocupa en su totalidad las dos grandes portezuelas de los lados del retablo, las cuales se abrirían o cerrarían según la ocasión, teniendo ambos lados pintados. Debajo de cada portezuela hay otra más pequeña en la cual se representan otras dos escenas. El retablo original traído de Amberes carecería del banco con esculturas y de las portezuelas inferiores, los cuales fueron añadidos posteriormente en España. Las distintas escenas del banco están separadas verticalmente por pináculos que sirven de doseletes a unos nichos, de los que han desaparecido las figurillas que contendrían.
